Reflexión Integral, Estoicismo Moderno y Liderazgo Personal

Una de las frases inspiradoras más populares del movimiento del desarrollo personal es esa que nos empuja a convertirnos en los protagonistas de nuestra vida, directores de nuestro destino, líderes de la empresa de convertirnos en nuestra mejor versión. Tomar las riendas de nuestra vida es condición indispensable para crecer, progresar y evolucionar.

 

Podríamos definir el liderazgo personal como la capacidad de hacernos responsables de la consecución de nuestros objetivos y nuestras metas, entendiendo estas metas y objetivos como nuestro proyecto vital-existencial.

En definitiva, el liderazgo personal consiste en tomar las decisiones correctas nosotros mismos, sin dejar que sean otros los que nos marcan el objetivo o nos digan que hacer o dejar de hacer.

 

Sin embargo, esta toma de decisiones no resulta sencilla. Ser capaces de tomar la decisión correcta implica manejar una gran cantidad de información y ser capaz de discriminar los datos más adecuados para poner en marcha las acciones necesarias que nos acercan a nuestro objetivo. A todo esto, le tenemos que sumar la propia motivación ante los avances y retrocesos inherentes a todo proceso y al manejo de la frustración que esto conlleva, lo que requiere de nosotros una gran disciplina en nuestros propósitos.

 

Es precisamente el trabajo sobre el manejo de información, la toma de decisiones y el afrontamiento de la frustración y de las relaciones con los demás y con la sociedad, lo que ha convertido al estoicismo, una antigua corriente filosófica grecorromana fundada por Zenón de Citio en el siglo IV a. C., en un referente para adueñarnos de nuestras vidas y tomar nuestras propias decisiones y de esa manera encaminarnos hacia la excelencia y el liderazgo personal.

 

Según nos cuentan autores como Massimo Pigliucci o el “coach estoico” Pablo Tovar, emprender una vida estoica en nuestros días requiere poner en práctica tres disciplinas y cuatro virtudes, entendiendo las disciplinas como un conjunto de reglas que nos orientan desde un punto de vista moral, y las virtudes como una serie de competencias a desarrollar.

 

La disciplina del deseo nos orienta sobre cómo manejar lo que deseamos y lo que no y nos ayuda a entender qué está bajo nuestro control y qué no, lo que nos conduce a la aceptación de lo que sucede.

 

La disciplina del consentimiento o de la percepción nos orienta sobre cómo manejar nuestros pensamientos, ideas y reacciones sobre las cosas haciéndolas pasar por el tamiz del razonamiento.

 

La disciplina de la acción nos orienta sobre las decisiones que tomamos y aquello que decidimos hacer o dejar de hacer siempre teniendo en cuenta las repercusiones de nuestro comportamiento, ayudándonos a tener una conducta ética.

 

Estas tres disciplinas están interrelacionadas de tal manera que es necesario tenerlas en cuenta para tomar una decisión, tal y como podemos ver en el siguiente diagrama que compartimos de http://fundipp.org/algoritmo-estoico/

 

Esta toma de decisiones debe guiarnos al desarrollo de las cuatro virtudes:

 

– sabiduría o discernimiento, que en Alana llamamos Claridad y expresa nuestra capacidad de comprensión

– coraje o fortaleza, que nosotros llamamos Voluntad y expresa nuestra capacidad de energía y entusiasmo

– templanza o autocontrol, que en Alana se corresponde con la Serenidad y expresa nuestra capacidad de permanecer en paz, y

– justicia o integridad, que nosotros relacionamos con la Amabilidad y que expresar nuestra capacidad de amar.

 

Estas virtudes impregnan también las tres disciplinas, por ejemplo, la disciplina del deseo requiere de coraje y templanza, la disciplina del consentimiento requiere de sabiduría y la disciplina de la acción requiere de la justicia, lo que convierte a este diagrama en un flujo retroalimentado que nos lleva de las disciplinas a las virtudes y a las disciplinas de nuevo.

 

Desde un punto de vista integral, la toma de decisiones esta siempre relacionada con la perspectiva desde la que vemos las cosas y solo si las tenemos todas en cuenta obtendremos una decisión más plena y abarcadora.

A través del cultivo de la mente de nuestra Práctica Perfecta aprendemos a reflexionar integralmente siguiendo estos cuatro grupos de preguntas que responden a las perspectivas internas y externas tanto individuales como colectivas y nos ayudan en el desarrollo de nuestras capacidades.

 

Ante un asunto o circunstancia ten en cuenta:

 

PERSPECTIVA INTERIOR INDIVIDUAL (¿Cómo estoy?)

¿Cómo me siento, qué pienso y qué valoro de este asunto?

 

PERSPECTIVA INTERIOR COLECTIVA (¿Cómo me relaciono?)

¿Cómo afecta este asunto a mis relaciones familiares, laborales, amistades o de pareja?

 

PERSPECTIVA EXTERIOR COLECTIVA (¿Cómo actúo con el entorno?)

¿Cómo afectan los sistemas político-económicos, medioambientales o tecnológicos a este asunto? ¿Cómo afecta el asunto a estos sistemas?

 

PERSPECTIVA EXTERIOR INDIVIDUAL (¿Cómo me comporto?)

¿Cómo reacciono y cómo respondo a este asunto teniendo en cuata todas las perspectivas? ¿Qué acción creativa puedo llevar a cabo?

 

La respuesta a estas preguntas nos hace poner en juego nuestras capacidades:

 

La perspectiva interior individual nos conduce a la serenidad

La perspectiva interior colectiva nos orienta a la amabilidad

La perspectiva exterior colectiva nos ayuda a ver las cosas claras, y

La perspectiva exterior individual nos llena de energía y entusiasmo.

 

 

Espero que estas opciones que te ofrezco para tomar decisiones te sean de ayuda y te conduzcan a liderar tu propia vida.

 

Aloha

 

 

Jesus Melendo
hola@alanadesarrollointegral.com
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